La religión de culto ¿Para qué sirve? ¿Existe otra forma de religión que sea más auténtica que el culto? La respuesta a la primera pregunta es: para nada, excepto para aquel que se enriquece con ofrendas y dádivas que supuestamente solo administra para Dios; la respuesta a la segunda es el servicio, pues aun el hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir.
La religión ¿Evasión o compromiso? La religión masiva es en la actualidad y en nuestro país en general una vía de escape y aturdimiento; con el consabido sonsonete: “Mi reino no es de este mundo”, se enseña a los fieles o adeptos a no involucrarse o participar en la construcción de un mundo mejor y a esperar pasivamente a que “El Señor regrese” a castigar a los malos, premiar a los buenos y a poner orden en el caos social del cual somos responsables; caos atribuido al mítico Satanás para así lavarse las manos al estilo Pilatos.
En una ocasión comenté en esta columna que no estaba totalmente de acuerdo con F. Nietzsche, en que el cristianismo es una doctrina de debilidad, pero puedo entender por qué el Filósofo lo creía así, pues lo veo y vivo aquí y ahora. Si en verdad creen estas aborregadas mentes que Satanás es responsable de la injusticia social, la corrupción, el crimen, la violencia, la perversión, etc. ¿Por qué no se unen en una lucha frontal contra ese enemigo? ¿Por qué retroceden sumisos y conformes y como el avestruz entierran su cabeza en la arena? ¿Por qué, incluso, viven compadrazgos y hasta complicidades con este sistema que la Biblia llama inicuo? ¿No es esta actitud resignada y pasiva más grave que la negación de Pedro o la traición de Judas? ¿A dónde nos lleva el hablar, creer y aceptar los “grandes milagros” como el de Josué deteniendo el sol, la mula de Balam conversando con su amo, que los ácidos estomacales de la ballena no dañaran a Jonás, que los pájaros alimentaran a Elías, etc.? ¿A dónde si no a la ignorancia?
Hermanos eclesiásticos, pastores y prelados, por si no se habían dado cuenta, nuestras niñas están siendo vejadas y prostituidas aprovechándose de su pobreza, nuestros jóvenes están siendo drogados y convertidos en asesinos, nuestras madres explotadas en las maquilas, nuestros jueces son venales y pusilánimes, los comerciantes especuladores, los hospitales ineficientes, la medicina prohibitiva, etc. ¡En el nombre de Cristo! Los conmino a no enseñara sus borregos y ovejas a huir refugiándose en los templos, si no a usar la espada que Cristo puso en nuestras manos. Alguno dirá ¿No había ya éste hablado así? ¡Sí! Y no lo hago ahora por falta de otros temas para llenar este espacio. Seguiré insistiendo una y otra vez hasta que los ciegos vean y los sordos oigan.






