Leónidas, trescientos valientes espartanos y setecientos tespios,
detuvieron el avance persa en el paso de las Termópilas; la embestida de
miles fue bloqueada por unos cuantos héroes, el ejército más poderoso
en su tiempo, el gran Jerjes contra un Rey y su puñado de guerreros.
Todo terminó mal para los espartanos, fueron exterminados gracias a un
ataque persa por la retaguardia ¿Cómo? Por un traidor que vendió los
suyos al enemigo.
Para tomarse Jericó Josué se apoyó en la prostituta Rahab, quien les
proporcionó toda la información necesaria para la invasión a cambio de
que fuera respetada su vida y la de su familia sin importarle que sus
conciudadanos acabarían masacrados.
En la heróica gesta de Roldán y sus doce pares de Francia en la
batalla del paso de Roncesvalles perecieron emboscados los paladines; el
lugar estratégico, vulnerable para Roldán, fue conocido por sus
enemigos a través de un traidor.
Rigoberto López Pérez fue abandonado por sus compañeros en el momento
crucial y por supuesto, el caso de traición más conocido: Judas
entregando a su maestro y paisano a las fuerzas de ocupación de los
opresores romanos.
A diferencia del infiltrado o el espía cuyo papel es estar entre los
enemigos pero siempre leal a su principio natural (que puede estar
determinado por la raza, clase social, creencias, etc.) al que le falla.
La historia se repite en este sistema y en estas actuales
circunstancias. El crimen señorea apoyándose en los traidores: el
sobornable, el acomodaticio, el cobarde, el carente de ética
profesional, el político oportunista, el codicioso de pantagruélico
apetito, el guía religioso que prefiere tener un sumiso rebaño en vez de
convertir a sus adeptos en verdaderos guerreros de la luz imitando a
Cristo en la denuncia, la enseñanza y el enfrentamiento directo contra
el mal y su sombra; el indiferente, el egoísta. En fin, repugnantes y
despreciables traidores que se mueven entre nosotros.
Reflexionemos acerca de nuestra participación en todo lo que acontece
en nuestro rededor para saber que tanto nuestra cobardía o corrupción
nos convierten en traidores.
PAZ Y AMOR.
Francis Fanci
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